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Don Darío Serna Gil: sembrando liderazgo y esperanza para más 11 mil familias cafeteras
17 de abril de 2026

Don Darío Serna Gil: sembrando liderazgo y esperanza para más 11 mil familias cafeteras
En las montañas de la vereda San Francisco, en el municipio de Santo Domingo, Antioquia, la vida tiene aroma a café y esencia de familia. Allí, en la finca «El Rodadero», encontramos a don Darío, un hombre que no solo cultiva granos, sino que asume con determinación el liderazgo de más de 11 mil caficultores asociados a la Cooperativa de Caficultores de Antioquia como presidente del Consejo de Administración.
Un legado que nace en la raíz
La historia de don Darío con el café no comenzó con un título, sino con el ejemplo. Nacido en Ciudad Bolívar, creció viendo a sus padres, José Arnulfo Serna y Bertalina Gil, dedicar su vida a la tierra. Sin embargo, fue en 1984 cuando el destino le obligó a dar un paso al frente: tras el fallecimiento de su padre, asumió las riendas de la finca familiar.
«Desde niño uno se ha levantado en el ambiente del café», recuerda don Darío, quien hoy comparte la labor en el campo con cinco de sus ocho hermanos, su esposa Elcy, su hija Paula Andrea y su nieta Isabela manteniendo viva una tradición que define su identidad.
El «granito mágico» y el poder de la unión
Para don Darío, el café es mucho más que un producto agrícola; es un «granito mágico» que tiene el poder de unir a las personas. Según explica, una taza de café es capaz de abrir puertas que las oficinas formales a veces cierran, facilitando proyectos y soluciones para la comunidad.
Bajo su liderazgo en el Consejo de Administración, su mensaje es claro: la Cooperativa es una empresa de todos. «Si no la sentimos como de nosotros, es difícil que la podamos fortalecer», afirma, haciendo un llamado a los más de 11 mil asociados a ser consecuentes y apoyar a su cooperativa para recibir, a cambio, mejores servicios y progreso.
Retos y futuro: una nueva mentalidad
El camino no ha sido sencillo. Don Darío reconoce que el gremio enfrenta desafíos monumentales: el cambio climático, la necesidad de adoptar nuevas tecnologías y la urgencia de aumentar la productividad. No obstante, su enfoque no está en los problemas, sino en las soluciones.
«Problemas y dificultades vamos a tener todos los días, pero si buscamos soluciones, con ganas, empeño y decisión, se puede sacar adelante la cooperativa», asegura con la convicción de quien ha visto a la caficultura sostener hogares por generaciones.
La caficultura es familia
Hoy, desde su finca «El Rodadero» —nombre que menciona con humor aclarando que no es precisamente por lo plano del terreno—, don Darío sigue trabajando por el bienestar de lo que él llama la «familia cafetera». Su vida es un testimonio de que el liderazgo comunitario, cuando se siembra con amor, produce los mejores frutos para toda una región.
Don Darío no solo representa a miles de productores; representa la esperanza de un campo que, a pesar de las dificultades, sigue creyendo en el poder transformador de un buen café.

